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Con el asesinato de las hermanas Mirabal o ¨Las mariposas de Salcedo¨ y de su protector conductor acompañante Rufino de la Cruz Disla no se produjo ningún acto de feminicidio ni de violencia contra la mujer, pues las mismas no fueron asesinadas por el hecho de ser mujeres, sino por su condición de ser cabalmente fieles correligionarias a los ideales y luchas revolucionarias de sus amados esposos vilmente maltratados junto a sus demás compañeros en las mazmorras de las infrahumanas cárceles dominicanas por su condición de innegociables luchadores contra el sanguinario bestial régimen de Trujillo.
Son muchas las heroicas mujeres dominicanas que murieron luchando en la trinchera del honor en defensa de la libertad y de la soberanía nacional, pero la hipocresía pernea hasta los níveos surcos de la convulsa historia dominicana con su literatura amarilla sustentada bajo la sombra del imperialismo y de los aviesos serviles orcopolitas nacionales del sistema.
Hoy vuelvo a ratificar que no hubo ¨feminicidio¨ ni ¨violencia contra la mujer¨ en el vil asesinato de las heroínas de Salcedo donde ipso facto fue asesinado de igual manera su acompañante conductor y protector Rufino Antonio de La Cruz Disla, cuyo nombre ha sido ignorado u objeto de minúscula importancia para los cínicos defensores del denominado ¨feminicidio¨ y los aviesos cultores de la literatura amarilla que fungen como auténticos defensores del neologismo ¨hembrismo¨ que ignoran en su esencia como tal, quienes son los primeros que mancillan y vulneran la sagrada dignidad de nuestras valiosas mujeres.
Si en el abominable asesinato que ocupa este pequeño esbozo murieron en el mismo acto tres mujeres y un hombre también merecedor de la negada condición de héroe, que me explique alguien con mayor acervo cultural que el ínfimo que me abriga, si a ese crimen horripilante se le puede llamar con la certeza necesaria ¨violencia contra la mujer¨ o quizás ¨feminicidio¨. ¿Cómo se le llamaría entonces a la muerte del humilde compañero conductor igualmente acribillado junto a las asesinadas e inmortales ¨mariposas de salcedo?
Desde mucho antes de producirse el hecho espeluznante que nos ocupa hasta el día de hoy, aquí han sido mil veces vilmente asesinados por sus ideas y luchas revolucionarias más hombres que mujeres, pero la mal denominada equidad de género ni los retintos tentáculos del imperialismo capitalista conceden importancia al asesinato de los hombres, en razón de lo cual no se ha erigido en nuestra Quisqueya un día específico a la ¨No violencia contra el hombre¨, lo que es resultado de los abyectos rectores de la LITERATURA AMARILLA (las mayúsculas son mías) y contradice con creces los sagrados principios de Duarte, Sánchez, Mella y Luperón.
Soy asiduo defensor de los derechos inalienables de la mujer, en razón de cuyo principio califico injustificable el maltrato doméstico o maltrato femenino en cualquiera de sus retintas facetas; mas advierto que no se hace una defensa sincera contra la mal denominada ¨violencia de género¨ o violencia contra la mujer, si los sinceros argumentos de dicha defensa no inician con la atinada mención de los sagrados principios familiares, pues de lo contrario el loable propósito de extirpar el aludido flagelo del maltrato femenino y el feminicidio seguirán gravitando sobre los parcos arcos en que descansa inerme la fosa de la utopía.
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Rufino Antonio de la Cruz Disla
merece la categoría de Héroe
Juan C. Benzán
Nacido el 16 de noviembre de 1923 en el municipio de Villa Tenares de las hoy provincia Hermanas Mirabal, cónsono con fuentes muy socorridas, el apuesto e inteligente joven señor Rufino Antonio de la Cruz Disla no fue un simple conductor y agricultor como ha sido definido por algunos de nuestros historiadores; fue un auténtico revolucionario simpatizante del Movimiento antitrujillista 14 de Junio, comprometido cabalmente con las loables causas de las luchas que dieron al traste con su vil asesinato junto a Las Mirabal, a las cuales conducía y protegía ofrendando su vida en aras de la libertad de la patria oprimida por las garras asesinas del bestial sátrapa sanguinario, hasta el extremo de que de todos los cadáveres envueltos en el cuádruple asesinato el suyo mostraba los más cruentos y descabellados signos de tortura y masacre; pero nuestros historiadores y la literatura amarilla se han empeñado en cometer el crimen de otorgarle la merecida estatura de héroe que con creces se merece, quien desde muy joven rehusó formar parte de las filas del Ejército Nacional bajo la jefatura de Trujillo.