LA PALABRA CADA DÍA
VIII Semana. Tiempo Ordinario
“Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”
Sábado, 30 de mayo de 2026
Color: VERDE
Primera Lectura: Jud 17.20b-25
Lectura de la Carta del Apóstol San Judas
Queridos hermanos: Acuérdense de lo que predijeron los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo. Continuando el edifico de nuestra santa fe y orando movidos por el Espíritu Santo, manténganse en el amor de Dios, aguardando a que nuestro Señor Jesucristo, por su misericordia, les dé la vida eterna. ¿Titubean algunos? Tengan compasión de ellos; a unos, sálvenlos, arrancándolos del fuego, a otros, muéstrenles compasión, pero con cautela, aborreciendo hasta el vestido que esté manchado por la carne. Al único Dios, nuestro salvador, que puede preservarlos de tropiezos y presentarlos ante su gloria exultantes y sin mancha, gloria y majestad, dominio y poderío, por Jesucristo, nuestro Señor, desde siempre y ahora y por todos los siglos. Amén.
Palabra de Dios
Salmo Responsorial: 62,2.3-4.5-6
R/. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti; mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.
¡Cómo te contemplaba en el santuario viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida, te alabarán mis labios. R/.
Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos. R/.
Evangelio: Mc 11,27-33
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos
En aquel tiempo, Jesús y los discípulos volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos y le preguntaron: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?» Jesús les respondió: «Les voy a hacer una pregunta y, si me contestan les diré con qué autoridad hago esto: El bautismo de Juan ¿era cosa de Dios o de los hombres? Contéstenme».
Se pusieron a deliberar: «Si decimos que es de Dios, dirá: “¿Y por qué no le han creído?” Pero como digamos que es de los hombres…» (Temían a la gente, porque todo el mundo estaba convencido que Juan era un profeta). Y respondieron a Jesús: «No sabemos». Jesús les replicó: «Pues tampoco yo les digo con qué autoridad hago esto».
Palabra del Señor
“Guiados por la fuerza del Espíritu”
Con demasiada frecuencia nos quejamos o buscamos culpables cuando no salen las cosas como las deseamos. Tendemos, como postula la Teoría de la Atribución, a achacar el fracaso a otros o a eventos externos y a atribuirnos el éxito a nosotros. Frecuentemente algunos buscan tener la razón y caemos en las garras de falsos profetas que dicen ser dueños de la verdad. Al igual que la comunidad de Judas – posiblemente uno de los sucesores de Santiago – hoy se nos motiva a permanecer alertas y vigilantes ante aquellos que traen mensajes atractivos, pero que nos alejan del mensaje de salvación.
Muchos disfrazan el mensaje predicando un evangelio de la prosperidad, otros prometen fuego de lo alto si no les seguimos, otros mueven el ánimo colectivo mediante “milagros” seduciendo al pueblo humilde a sacar de sus bolsillos lo poco que tienen. Por eso el Mensajero nos anima a discernir el mensaje pronunciado por otros.
No tengamos miedo ya que estamos, como Iglesia, guiados por la fuerza del Espíritu, guiados por la sabiduría del magisterio y por una tradición apostólica rica en experiencia. La advertencia de las lecturas de hoy debe encaminarnos a mantener el amor y a edificar nuestras comunidades sobre las zapatas de la fe y de la esperanza sin tropiezos duraderos.
Hoy se nos motiva a ayudar a los que titubean en el camino siendo compasivos y mostrándonos cercanos con prudencia. Ante las dificultades somos fuente de apoyo, de ayuda y de comprensión. La autoridad de Jesús nos sirve, sin duda alguna, para seguir el camino de la misericordia con todos los que nos rodean y, en especial, de los más pequeños.
(Guía Litúrgica)
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre, y la comunión del Espíritu Santo estén con todos ustedes” (2 Cor 13, 13) ✍